La Romana. — La trayectoria de Edwin Encarnación fue reconocida nuevamente por su tierra natal, esta vez con su exaltación al Salón de la Fama del Deporte de La Romana, aunque el expelotero no pudo estar presente en la ceremonia y fue representado por su madre, Mireya Rivera.
Encarnación formó parte de la Clase 2026, integrada por 12 destacados ciudadanos reconocidos por sus aportes y carreras en diferentes disciplinas deportivas. Su incorporación al pabellón representa otro reconocimiento a una carrera que lo llevó desde La Romana hasta convertirse en una de las figuras dominantes del béisbol de Grandes Ligas.
La presencia de su madre tuvo además un significado especial, ya que Encarnación es hijo de Mireya Rivera y Elpidio Encarnación, este último también inmortalizado en el pabellón deportivo de la provincia.
Una carrera marcada por el poder
Encarnación, nacido el 7 de enero de 1983, disputó 16 temporadas en las Grandes Ligas y tuvo algunos de los mejores momentos de su carrera con los Azulejos de Toronto y los entonces Indios de Cleveland.
Durante su paso por las Mayores fue seleccionado tres veces al Juego de Estrellas y acumuló 1,832 imparables, 370 dobles, 424 jonrones y 1,261 carreras impulsadas, además de un promedio de bateo de .260 y un porcentaje de slugging de .496.
Entre 2010 y 2019 se consolidó como uno de los bateadores de mayor poder del béisbol, convirtiéndose en una de las principales referencias ofensivas dominicanas de esa generación.
Su carrera también tuvo un capítulo especial con la selección dominicana, con la que formó parte del equipo que conquistó de manera invicta el Clásico Mundial de Béisbol.
Un reconocimiento en medio de un momento personal complejo
La exaltación se produce mientras Encarnación atraviesa un momento complicado en su vida personal. Recientemente anunció el inicio de su proceso de divorcio de la comunicadora Karen Yapoort, además de estar relacionado con un proceso judicial derivado de acusaciones cruzadas por un presunto altercado físico ocurrido en La Romana.
A pesar de su ausencia, el Salón de la Fama de La Romana decidió reconocer el peso de su trayectoria y su aporte al deporte de la provincia.
Así, fue su madre quien recibió simbólicamente un homenaje que representa no solo los logros alcanzados por Encarnación en el béisbol profesional, sino también el vínculo entre el expelotero y la ciudad que lo vio nacer.


