La nueva zona de control militar israelí se adentra más en la Franja de Gaza, restringe el movimiento humanitario y aumenta el territorio bajo supervisión de Israel.
JERUSALÉN/GAZA.– Israel ha ampliado su presencia y control territorial en la Franja de Gaza mediante la implementación de una nueva demarcación militar conocida como la “línea naranja”, una zona cuyo acceso y tránsito deben ser coordinados con las fuerzas israelíes.
Según organizaciones humanitarias y documentos consultados por medios internacionales, esta nueva delimitación se extiende más allá de la ya conocida “línea amarilla”, establecida durante el acuerdo de tregua de octubre de 2025. La medida aumenta en aproximadamente un 11 % el territorio bajo supervisión israelí dentro del enclave palestino.
Con la incorporación de esta nueva área, organizaciones especializadas estiman que Israel mantiene algún nivel de control sobre cerca del 64 % de la Franja de Gaza, mientras continúan las operaciones militares y las restricciones de movimiento.
Diversas agencias humanitarias han advertido sobre el impacto de esta expansión en la población civil, señalando que miles de viviendas, refugios para desplazados e instalaciones humanitarias han quedado dentro del perímetro afectado.
La Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) indicó que más de 14 mil hogares se encuentran ubicados entre las líneas naranja y amarilla, mientras que la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA) reportó que varias de sus instalaciones quedaron dentro de la nueva zona restringida.
Asimismo, residentes y organizaciones internacionales han denunciado desplazamientos forzados en sectores de Deir al Balah y Jan Yunis, donde familias fueron obligadas a abandonar sus hogares ante el avance de operaciones militares y nuevas restricciones.
Mientras tanto, el Gobierno israelí sostiene que las medidas responden a evaluaciones de seguridad y continúan formando parte de sus operaciones contra grupos armados en Gaza.
La situación se desarrolla en medio de una creciente presión internacional por el impacto humanitario del conflicto, que mantiene a más de dos millones de personas concentradas en un territorio cada vez más reducido.


