La Habana. El Gobierno cubano volvió a elevar este viernes sus críticas contra la política de Estados Unidos hacia la isla y acusó a Washington de intentar provocar una crisis que lleve al pueblo cubano a una situación de extrema necesidad.
El presidente Miguel Díaz-Canel aprovechó la conmemoración de los 25 años de los atentados del 11 de septiembre para denunciar lo que calificó como acciones de “terrorismo de Estado” contra Cuba. El mandatario recordó además las víctimas que, según las autoridades cubanas, han dejado distintos hechos violentos ocurridos contra la isla durante las últimas décadas.
Díaz-Canel sostuvo que las actuales medidas estadounidenses forman parte de una estrategia para presionar al Gobierno cubano mediante el deterioro de las condiciones económicas. En sus declaraciones, pidió reforzar la cooperación internacional contra el terrorismo y defendió una política basada en la paz y el respeto a las normas internacionales.
La Habana mantiene desde hace años una fuerte disputa con Washington por el embargo económico impuesto a Cuba. A esta política se han sumado, según el Gobierno cubano, nuevas medidas dirigidas a limitar el acceso de la isla a combustible y a dificultar las operaciones de empresas extranjeras relacionadas con el país.
Las autoridades cubanas califican estas medidas como una forma de presión que afecta directamente a la población. El canciller Bruno Rodríguez comparó recientemente sus efectos con otros conflictos internacionales y aseguró que, aunque no se manifiesten mediante ataques militares, las restricciones económicas también provocan consecuencias graves para los ciudadanos.
Desde Washington, la política hacia Cuba ha sido defendida como un mecanismo de presión destinado a impulsar cambios económicos y políticos en la isla. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, ha advertido además que podrían adoptarse nuevas medidas contra el Gobierno cubano.
El enfrentamiento ocurre mientras Cuba atraviesa una profunda crisis económica, caracterizada por dificultades en el acceso a combustible, problemas en el sistema energético y escasez de distintos productos y servicios.
La relación entre ambos países permanece marcada por una elevada tensión diplomática. Mientras La Habana denuncia una política destinada a asfixiar su economía, Washington mantiene su estrategia de presión para exigir cambios en el sistema político y económico cubano.


