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EE. UU. evalúa usar su bomba más poderosa en nuevos ataques contra Irán

Washington, Estados Unidos. – Las Fuerzas Armadas estadounidenses han elaborado nuevos planes militares que contemplan la posibilidad de utilizar la denominada «madre de todas las bombas» contra instalaciones nucleares e infraestructuras energéticas de Irán, en caso de que el presidente Donald Trump autorice la reanudación de las operaciones de combate contra la República Islámica.

La información fue revelada por la cadena CNN, que citó a varios funcionarios estadounidenses familiarizados con las discusiones internas del Pentágono. De acuerdo con el reporte, la planificación incluye el posible empleo de la bomba GBU-43/B Massive Ordnance Air Blast (MOAB), considerada la munición no nuclear de mayor tamaño del arsenal estadounidense.

La eventual utilización de este armamento representaría una escalada significativa en el conflicto entre Washington y Teherán, que comenzó en febrero de 2026 con ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra objetivos iraníes.

Según las fuentes consultadas por CNN, los planes militares contemplan diferentes escenarios que podrían ejecutarse antes o después de las elecciones legislativas estadounidenses de noviembre, siempre que el mandatario autorice nuevas operaciones ofensivas.

Sin embargo, hasta este viernes 16 de octubre no se había confirmado una orden presidencial para utilizar la MOAB ni se había anunciado una fecha para una nueva ofensiva.

El presidente Trump abordó el tema durante una entrevista concedida a Newsmax, en la que insistió en que Estados Unidos busca impedir que Irán desarrolle armas nucleares.

Durante sus declaraciones, el gobernante mencionó la posibilidad de atacar Pickaxe Mountain, una instalación fortificada vinculada al programa nuclear iraní que se encuentra protegida por una extensa formación montañosa.

Trump sostuvo que las instalaciones nucleares iraníes están ubicadas a gran profundidad y planteó que Washington podría actuar militarmente contra ese emplazamiento.

No obstante, el mandatario descartó el uso de armas nucleares y aclaró que la denominada «madre de todas las bombas» pertenece a una categoría de armamento convencional, aunque posee una enorme capacidad destructiva.

El presidente tampoco confirmó si había autorizado específicamente el despliegue de la GBU-43/B contra territorio iraní.

La MOAB fue desarrollada por Estados Unidos a comienzos de la década de 2000 y se caracteriza por su capacidad para producir una potente explosión sobre una amplia superficie.

El artefacto tiene un peso aproximado de 9,800 kilogramos, mide poco más de nueve metros de longitud y contiene alrededor de 8,500 kilogramos de explosivos.

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A diferencia de las bombas nucleares, su poder destructivo procede de explosivos convencionales, aunque la magnitud de la detonación puede ocasionar daños considerables sobre instalaciones, vehículos y estructuras expuestas.

La bomba está diseñada para detonar a cierta altura sobre el terreno y generar una intensa onda expansiva, capaz de afectar una extensa zona alrededor del punto de explosión.

Debido a sus dimensiones y peso, requiere aeronaves de transporte especialmente adaptadas para su lanzamiento, como el C-130 Hercules.

El Ejército estadounidense utilizó este armamento por primera vez en combate en abril de 2017, durante una operación contra posiciones del grupo Estado Islámico en Afganistán.

En aquella ocasión, la bomba fue lanzada contra un complejo de cuevas y túneles utilizado por combatientes de la organización extremista.

Aunque el artefacto demostró una importante capacidad destructiva, especialistas militares han planteado dudas sobre su efectividad para alcanzar instalaciones nucleares situadas a gran profundidad.

Esta es una de las principales interrogantes que rodean su posible utilización contra Irán.

Según funcionarios familiarizados con la planificación estadounidense, la MOAB puede resultar eficaz para destruir objetivos expuestos y afectar amplias superficies, pero no fue diseñada específicamente para penetrar grandes capas de roca o estructuras subterráneas fuertemente reforzadas.

Esa limitación podría reducir su efectividad frente a instalaciones iraníes protegidas por montañas o construidas a considerable profundidad.

Estados Unidos dispone de otras municiones, como la GBU-57 Massive Ordnance Penetrator, diseñadas específicamente para atacar estructuras subterráneas fortificadas.

Por esa razón, algunos especialistas consideran que el uso de la MOAB podría tener un impacto militar limitado frente a determinados objetivos nucleares, aunque produciría una importante demostración de fuerza.

La posibilidad de utilizar esta bomba también ha despertado preocupación por sus consecuencias humanitarias.

Una explosión de semejante magnitud cerca de zonas habitadas podría ocasionar numerosas víctimas civiles y daños extensos a infraestructuras esenciales.

El riesgo sería particularmente elevado si los ataques se dirigieran contra instalaciones energéticas situadas cerca de comunidades o centros urbanos.

Además de las posibles consecuencias humanas, una nueva ofensiva contra la infraestructura energética iraní podría agravar las tensiones en los mercados internacionales del petróleo.

El conflicto ya ha generado incertidumbre sobre el suministro energético y las rutas comerciales de Oriente Medio, una región estratégica para la producción y el transporte mundial de hidrocarburos.

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Las decisiones militares de Washington también se producen en un contexto político interno marcado por las elecciones legislativas estadounidenses.

La continuidad del conflicto con Irán, sus costos económicos y las repercusiones sobre los precios de los combustibles forman parte de los asuntos que generan debate dentro de Estados Unidos.

Mientras tanto, los esfuerzos diplomáticos para alcanzar una solución negociada permanecen estancados, sin que se haya anunciado un acuerdo que permita poner fin a las hostilidades.

Las autoridades iraníes han rechazado las acusaciones de Washington sobre sus supuestas intenciones de desarrollar armamento nuclear y mantienen que su programa tiene fines pacíficos.

Teherán también ha advertido que responderá ante cualquier nueva ofensiva estadounidense o israelí contra su territorio.

El Gobierno iraní sostiene que conserva capacidad de respuesta militar y ha reiterado que considera los ataques contra sus instalaciones una amenaza a su soberanía.

Estas posiciones reflejan la profundidad de las diferencias entre ambos países y las dificultades para alcanzar un entendimiento que permita reducir las tensiones.

En sus declaraciones más recientes, Trump reiteró que no contempla enviar tropas terrestres estadounidenses a Irán y expresó su expectativa de que el conflicto pueda concluir mediante una solución militar o diplomática.

Sin embargo, la elaboración de nuevos planes de ataque demuestra que el Pentágono continúa evaluando diferentes opciones ante la posibilidad de que fracasen los esfuerzos de negociación.

La información divulgada por CNN fue recogida posteriormente por Reuters, que aclaró que no había podido verificar de manera independiente todos los detalles de la planificación militar descrita por las fuentes estadounidenses.

Por tanto, la inclusión de la MOAB entre las opciones examinadas no significa que exista una decisión definitiva de emplearla.

La eventual utilización de la «madre de todas las bombas» dependerá de las decisiones que adopte la Casa Blanca y de la evaluación militar sobre la eficacia y las consecuencias de un ataque de esa naturaleza.

Mientras Washington mantiene abiertas distintas alternativas, la comunidad internacional continúa pendiente de una posible escalada que podría agravar la crisis de Oriente Medio y generar nuevas repercusiones políticas, económicas y humanitarias.

Por ahora, el uso de la GBU-43/B contra Irán permanece como una posibilidad dentro de los planes militares estadounidenses, sin confirmación oficial de que se haya ordenado su lanzamiento.

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